Una llama latente

¿Por qué me empeño en luchar?
No es ni de cerca mi misión.
Me denegaron el bienestar
nada más salir del cascarón.

El jerarca fue un látigo paterno,
yo un subordinado mortecino.
Hallé cómo llegar al infierno
sólo para enseñarle el camino.

Y abismado en mi temblor
se quiebra la máscara terrenal
de juicios arbitrarios sin valor
que me encapsulaban en lo visceral.

Hay una turba salvaje en mi hogar,
será necesaria mi intervención,
no aceptaré otro drama familiar
ni que de mí sientan compasión.

El Sol ya no es mi emperador,
la Luna será mi Santo Grial,
y hasta el último estertor
lucharé como un animal.

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