El escritor que por nada se abruma
ausculta el alfabeto de su memoria,
garabatea las páginas con la pluma
y graba un pasaje para la historia:
ausculta el alfabeto de su memoria,
garabatea las páginas con la pluma
y graba un pasaje para la historia:
La música desnuda en hermoso perfil
buscando un lugar donde relumbrar.
Avísame cuando lleguemos al redil,
la melodía ideal no me deja reposar.
¿Acaso puedo dormir luciendo bella la luna?
No estoy a la altura de mi ambición.
Planté desgracias, heredé hambruna,
en la desvergüenza hallé decisión.
El señor de esas tierras era un ser opulento,
me insuflaba valor la chispa de la rebelión,
rehusé comulgar con su sacramento
y desmembré las membranas de la sedición.
Repudiar y no claudicar, está cerca mi fin,
y engalanarme con el más célebre tartán,
un llanero solitario contra un fortín,
un humilde drakkar contra un leviatán.