Desconectado

Hasta que no obtuvo la insolencia
no pudo atisbar su destino,
pero el sonido de la demencia
lo espiaba en el camino.

Gritos de derrota la noche anterior,
el silencio muerto en agria mesura,
frágiles y vacías historias de honor
en un laberinto críptico de la locura.

En un viaje hacia un interior ominoso
vislumbró una ciudad de papel maché,
no había acólitos del Gran Coloso,
no había preludios de cabaré.

Selló su ser en un cosmos falseado
con el que deseaba interferir,
vida y muerte en un solo grado,
retorno vedado tras un elixir.

Y ver pasar la vida en un destello
cumpliendo la profecía del pergamino,
con gusto ofreció su cuello
ante la inclemencia del asesino.

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