Cerrar los ojos

Inaugurando una experiencia desconocida,
en el acto de apertura se escuchó mi aria,
dentro de una esfera emocional precaria
recorrí el atrezzo con pasividad sentida.

Hologramas de belleza imaginaria
brotaban de una mente prolífica 
y una platea de aprobación morbífica
reprimió mi claridad estrafalaria.

Errando como un príncipe derrocado
perdí la felicidad que asía de la mano,
sentí un nuevo reproche cotidiano,
sentí la opresión del actor acomplejado.

Suplicó ayuda el personaje veterano,
pero ese papel escondía otra verdad,
imagen viva de la más pura maldad,
es curioso que llamara al diablo inhumano.

La purga de una facción determinante
generó angustia y limitó el entusiasmo.
Incursión en el proverbial sarcasmo
de un destino injusto y disonante.

La función me embobaba despacio,
perdí el favor de los directores
y el interludio estaba aún por venir.

Concluí mi gira en el palacio 
donde se marchitan las flores.
Qué desperdicio cerrar los ojos y morir.


Apuesta

Estás hecho un pincel, colega,
erguido sobre este lodo
te lo juegas absolutamente todo.
Muestra tu máxima entrega,
no podría ser de otro modo.

Date con un canto en los dientes,
cultiva semillas de valor y cobardía,
sé el pecador que anhela el día
en que las castas sean diferentes,
llena tus pulmones con mi compañía.

Di mi nombre, soy tu yo más valiente.
Di mi nombre, soy tu yo más cobarde.
No hay nada con más alarde 
que el ímpetu decadente 
de un espíritu que no resguarde.