Una fiesta concluyente

Un día me invitaron a una fiesta clandestina
donde abundaban ostentaciones grotescas,
máscaras fantásticas y prendas arabescas,
bañadas en delirios que estimulaban la retina.

Había mucho de hermoso y mucho de llamativo,
fantasmagorías trasnochando en trastorno,
una orquesta festiva con instrumentos de adorno,
y una orgia se fraguaba en revuelo impulsivo.

Ocho salones con retratos observando insolentes,
ocho salones con ocho sirenas de la lujuria,
una reina subastada como bastarda espuria,
y en las paredes terrarios llenos de serpientes.

Fastuosidades casi infernales por doquier,
para muchos, un paraíso insuficiente,
y un minuto antes de mi muerte inminente
me percaté que todos eran otros yos de mi ayer.

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