Absorto el hechicero en el laboratorio de alquimia
fragua la locura de su mundo dentro de una burbuja.
"La paciencia es una virtud", le manifestó la bruja,
tentadora vil, usuaria lasciva de jugo de vendimia.
Él, ex cazador de aquelarres en tierras marchitas,
azote de nigromantes y heraldos de la calamidad,
juega ahora entre dos planos de frívola veleidad,
persiguiendo quimeras de aspiraciones selenitas.
Hay tanta sabiduría en su recia sangre anciana
que es ya un experto en la maestría del hechizo,
le verás mesarse orgulloso su mostacho cenizo,
al equipararle con el famoso Merlín, o Morgana.
En un libro cataloga elixires a modo de parnaso,
asalaria caza recompensas de arcanos vestigios
buscando reliquias insólitas, amuletos prodigio,
para afrontar lo que más le atemoriza, el fracaso.
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