Tras iniciar la colonización del olvido,
no quedó más que formatear su recuerdo.
En el borrado de memoria era un experto,
páginas en blanco de su libro preferido.
Quiso revertir el opaco flujo de su destino,
pero a cada paso, en cada momento,
se reavivaban amargos fragmentos
y asomaba su perfil más ladino.
No se trataba de una ira temporal,
era de la que se cocía de forma lenta,
era de esa índole que atenta
contra toda ética y moral.
Sufría un trastorno llamado ideal
propagándose con total impunidad,
y acentuado por su sentida iniquidad,
sucumbió ante las Flores del Mal.
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