En el valle se entonan tonadas de combate
alrededor de inmensas y múltiples fogatas,
soldados danzando con las sombras del temor
al pensar en el fragor de inminentes batallas.
Unos ultimando con presteza las monturas,
otros forjando corazas del hierro de minas cercanas,
algunas meretrices ofrecen servicio a los generales
que exhiben orgullosos sus soberbias espadas.
Y aunque se cuezan envidias entre los adalides,
todos ellos ansían los tesoros que les aguardan.
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