El remanso de Gaia

Un día, un vial contaminado extinguió a los humanos. De éso hace 4 siglos, y la naturaleza se ha propagado. 

Las paredes del Coliseo intentan pasar página de un episodio duro. Ni los vetustos combates nacidos de la sangre y la angustia, ni la inmunda colmena humana que propagó la Gran Contaminación del siglo XXII, ni la posterior Insurrección contra las Máquinas, habían generado un impacto tan brutal en su esqueleto.

Un lento desmoronamiento ha apilado escombros y el silencio se ha consagrado de tal modo que, incluso las Pirámides se amilanan ante tal soledad, y parecen buscar, ansiosamente, el calor de las indolentes estrellas.

Las Esfinges escrutan la lejanía, tratando de obviar el aire polvoriento que abraza su melancolía, y que se arremolina tumultuoso junto a ellas.

La Estatua de la Libertad no es más que los vestigios de una estructura de metal, alambres desnudos luchando en vano contra el óxido, deseando que su reputación inmemorial quede irremisiblemente sepultada. 

Sin personas ni robots, Gaia por fin descansa. 

La verdad de un loco

Cuando alguien aprecia algo
y al morir lo atesoras tú,
estarás otorgando valor 
al testimonio de su vida.

Quejarse de los propios actos
o esconderse como avestruz,
la cobardía es un escozor
de vergonzante salida.

Poner en duda la verdad de un loco, 
ya sea precisa o muy distorsionada,
es como dilatar un sofoco
al tener una espina clavada
por añorar el chalado siroco
de una persona ausentada.

Hurgar en la negligencia

Juntos vagamos por la prisión de la soledad,
éramos una brocha que tiñe lo que lamenta,
cuando el frío se comió las flores del alféizar,
el aura dramática formó parte de tu genética
y el almuédano blasfemó desde el alminar.

Evaluando una situación estresante
percibiste los estímulos como amenazas,
fuiste una nulidad de lo concordante
y sujetaste las endorfinas con tenazas,
consecuencia de una alteración aberrante.

A veces pagan justos por pecadores, 
y al querer dejar una imprenta contextual
luchamos en nuestros diálogos interiores
y sentimos insatisfacción existencial,
renegando de las futuras generaciones.