Cuando alguien aprecia algo
y al morir lo atesoras tú,
estarás otorgando valor
al testimonio de su vida.
Quejarse de los propios actos
o esconderse como avestruz,
la cobardía es un escozor
de vergonzante salida.
Poner en duda la verdad de un loco,
ya sea precisa o muy distorsionada,
es como dilatar un sofoco
al tener una espina clavada
por añorar el chalado siroco
de una persona ausentada.
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