La carta amarga

Ilustre competidor,
Logro extremo en quebrada embarcación.
Consumida la tormenta, nativa superficie.
Sustento extinguido, tenue fogata,
inhábil sistema de salvación.
Cubierto en dudas, mortífera infusión.
Ego enfrentado, desorden mental,
vencido el cuerpo me arrastra Leteo.

Ilustre competidor,
El eco de mi nombre te hace señor.
Adiós.

Aliado y enemigo

Nunca creíste tener el don del conocimiento adquirido.
Y la envidia me acosa, me acosa y me derrumba.
Y me siento hipócrita por ser tu mejor aliado,
aliado y enemigo.

Mirar más

Fijé la vista en la curva de la imposición y descubrí rebelión.
Observé la recta de la perfección y vi un sendero torcido.
Divisé las garras de la valentía y vi al león dormido.
Al mirar más allá, más distingo la realidad.

De bajón

Me absorbe la monotonía y me repito
a mi mismo en un espejo sin fin.
Hoy he estado buscando a la ninfa
pero ella no respondía a mi canción.
La lluvia descansa sobre mi rostro afligido,
pienso en el tiempo vivido y dejo de sentir,
pierdo la razón y me refugio en mi interior.

Al borde del abismo

Me acerqué peligrosamente al abismo,
hasta el punto de sentirme rodeado a mi mismo
de serpientes que no me dejaban reposar.
Necesito un respiro, dejadme respirar.
Abrumado, me siento débil, necesitado.
Quebradizas paredes de un túnel laberíntico me rodean,
pero con mis alas evito todo problema,
doy marcha atrás, vuelo y me pierdo
en ocultos sentimientos que me abrasan.
Y necesito respirar.
Y escucho música, y la música me embriaga
y me enloquece por momentos.
Quizás sea locura.
Miénteme y dime que me deseas.
El final está cerca y no me arrepiento de lo anterior...
¿O quizá sí?
En la rareza radica el misterio, y el misterio es atractivo.
Atractivo y peligroso.
Peligroso como el oscuro abismo.
Oscuridad.

El inmortal

Luna amarga, agresivo carácter, 
ardiente boca, lógica quimera.
Con el diablo pacté un cielo teñido de sangre.
A cambio ofrecí lealtad embustera.
Temor no tengo porque soy inmortal,
unicornio entre caballos 
que no comprenden su naturaleza.
¿Vale la pena ser superior? No mientras vivas.
Siento que gran parte de mi está vacía,
es un vacío insostenible e inquebrantable,
que me ahoga con su intangible peso.
Sol amargo, agresiva reacción, 
gélido corazón, lógica quimera.

El rey del universo

Yo soy el elegido, y... aunque febrilmente me aguanto en pie,
ya no sostengo con garra mi espada,
esa espada que me ha visto en lo más alto,
esa espada alada que sume ahora en la nada.
El vacío es justo castigo a quien es duro enemigo, yo mismo.
Hago cosas en las que no creo, y por ello el cielo me rechaza
y me sume en la miseria.
Y aunque pletórico de valentía, me siento ratón.
Refugiado en mi madriguera evito toda pelea con mi ego,
mi representante interior.
Me temo lo peor, el tiempo me corroe y me hace mayor.
Yo, que fui rey del universo, siento incesante
la llamada del infierno. Satanás no me teme.
El sarcasmo es un arma de doble filo difícil de controlar.
Yo, que fui rey del universo, siento que mis cenizas
se esparcen al viento, y no retornarán.

Los templos del Saber

Sin saber qué acaecía me dirigí al templo de Zeus.
Una mayoría no es tal sin la minoría a la que se opone.
Quien me mandó obedecer no contó
con mi rebeldía pasajera, pero rebeldía al fin y al cabo.
Un millón de años no sirven para enseñar
si no hay nadie que quiera aprender.
Las quejas al máximo responsable son gritos para sordos.
Sin riesgo no hay temor, sin temor no hay emoción,
sin emoción no hay sentimiento,
sin sentimiento no hay amor, sin amor no hay riesgo.
Lo tangible se vuelve etéreo y lo razonable imposible.

Sin saber qué ocurría me dirigí al templo de Apolo.
La memoria no olvida lo que quieres olvidar.
Los sueños son pesadillas a menudo.
La sangre es licor de hambriento vampiro,
el vampiro es un ser superior, que no Dios.
Dios existe para el inculto crédulo.
Mi casa no es tu casa y tu bondad es efímera.

Sin saber qué sucedía me dirigí al templo de Venus.
Y allí me quedé... en el Edén... junto a la ninfa...

Descanso...

Relajación...

Tras tus ojos

Vi cómo se revolvía la serpiente,
vi al león sumido en escalofríos
y al dragón recordando su olvido.
Todo lo vi de tus ojos procedente:
Ardiente hielo, nevada lava
-la contradicción es la reina del absurdo-.
Cavé mi fosa donde más profundo
es el misterio… oscura alma.
Fue de luz fugaz mi triste idilio
con la diosa de la bondad suprema.
Veía en mi interior cierzo y maleza,
abandonado, solo… me río,
me río de mi y de mi suerte.
Una vez oí: "vive el presente".

Amor y Muerte

- Amor perecedero, ¿porqué me amas
aun sabiendo tu futura muerte?
- Escucha el latir del presente,
cree en la locura y en mis palabras.
- No me engañes, no me mientas,
sabes que siempre caigo a tus pies,
pero esta vez es amarga tu miel.
Te intentas acercar pero vas a tientas.
- No me des la espalda y
mete tu mano debajo de mi falda.
- ¡Traición! Tus artimañas me atrapan.
- No luches contra lo hechos,
mírame, mira mis dulces pechos.
Déjate llevar, tus manos ya escapan.
- No me puedo controlar, maldita mi suerte.
Consigues siempre todo deseo...
me convierto en tu reo, reo de muerte.