Yo soy el elegido, y... aunque febrilmente me aguanto en pie,
ya no sostengo con garra mi espada,
esa espada que me ha visto en lo más alto,
esa espada alada que sume ahora en la nada.
El vacío es justo castigo a quien es duro enemigo, yo mismo.
Hago cosas en las que no creo, y por ello el cielo me rechaza
y me sume en la miseria.
Y aunque pletórico de valentía, me siento ratón.
Refugiado en mi madriguera evito toda pelea con mi ego,
mi representante interior.
Me temo lo peor, el tiempo me corroe y me hace mayor.
Yo, que fui rey del universo, siento incesante
la llamada del infierno. Satanás no me teme.
El sarcasmo es un arma de doble filo difícil de controlar.
Yo, que fui rey del universo, siento que mis cenizas
se esparcen al viento, y no retornarán.
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