Mentalidad de tiburón

No te quiero molestar, lector,
con la historia de mis trabajos,
mas considéralo un atajo
a la cima del triunfador.

Mi bautismo como bandido 
lo inicié con deseo e ilusión,
el éxito de un buen ladrón
es pasar desapercibido.

Obtuve alguna ganancia
y más aún alguna brega,
no me mereció la entrega 
pues mi salud era algo rancia.

También fui dandi de medio pelo
con camisa de filigrana,
pero follaba con desgana
y cada polvo era un flagelo.

Básicamente fue un desastre
y lo dejé en brevedad.
Mi bolsillo era todo oquedad,
la pesadilla del pillastre.

Pedí prestado algo de dinero
y lo invertí en criptomoneda,
todo quedó en humareda
como el honor del reguetonero.

Con la deuda no se juega,
me partieron varios dedos,
pero es que amo los enredos
y en política tenía un colega.

Me metió en Urbanismo,
todo quisqui estaba untado.
Ya no me sentí desamparado,
fue mi nuevo fetichismo.

Ahora soy un tiburón,
soy un hombre metódico,
mi apetito es categórico
por la santa especulación.

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