Un paraíso ebrio de placer

Y ahora te tumbas desnuda aquí, a mi lado, para mostrarte.
Y con la agraciada luz que entra por la ventana
me queda la forma de tu silueta en la retina grabada,
skyline de tu cuerpo que ha venido a provocarme.

Entonces araño ese dorso que me dispongo a recorrer.
Ávidos nos lanzamos al ruedo de los salvajes
hasta disolvernos en saliva, y obtener el pasaje 
que nos adentrará a un paraíso ebrio de placer.

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