Bendigo, maldigo...

Bendito el momento que no pienso en ti,
bendito el licor que me embriaga,
maldita tu luz que se apaga,
malditas las noches sin fin.
Benditas las risas con los amigos,
malditos los días sin tu compañía,
maldito el reloj de la melancolía,
maldito el corazón hecho añicos.
¡Qué triste no sentirse
con fuerzas para amar!
Maldita la diosa en el altar…
¡Qué triste no sentirse
con fuerzas para ser amada!
Bendita la diosa decapitada.

Celoso

Latiendo fuerte el corazón
pero con el alma triste.
Te echo de menos
desde el momento en que te fuiste.
Queriendo, deseando, suplicando
disfrutar contigo cada instante.
Decirte, susurrarte, confesarte
que para mi eres importante.
Celoso del tiempo que sin mi pasas.
Celoso del espejo de tu baño.
Celoso de la almohada que abrazas,
ella no te necesita tanto.

Sonriente maja

Dulce afrancesada, sonriente maja
en la batalla de cama,
abre mi caja de Pandora.
Silénciame con un beso,
dime que te encanta,
recita ese verso que me enamora.
Entra en mi espacio vital,
Muéstrame tu aurora boreal,
haz que enloquezcan mis neuronas.
Inspira esta poesía dormida,
aumenta mis ganas de verte,
procura no perderte
entre la espuma de mis olas.

Despiertas

Despiertas con los ojos vendados,
escuchas el llanto del verdugo,
los sollozos de la multitud.
Imaginas la magnitud del pecado,
piensas que no han sido justos,
eliges el color del ataúd.
El instrumento a punto, afilado,
lo descarga con fuerza en un segundo,
los gritos llegan como un alud.
Despiertas completamente sudado.

A veces

A veces eliges el camino incorrecto.
A veces tú mismo eres ese camino.
A veces actúas como no debes.
A veces confundes las líneas de tu destino.
A veces te enfadas sin sentido.
A veces dices cosas sin sentido.
A veces te sentirás vacío,
A veces recordarás que te han querido.

Enfrentado

El espejo roto en el que me reflejo
se burla de mi ser.
El engendro que allí habita
me hastía con su poder,
me envía al infierno,
me sodomiza y me apalea,
es mi ego enfrentado,
es mi propia pelea.

Inspiración

Me perdí en el vértice de la rabia,
lúgubre y oscuro rincón.
Iba perdiendo toda mi savia,
estaba en trance, en otra dimensión.
Con el pecho que me ardía,
con angustia y desazón,
arranqué a correr, crucé la vía,
y llegué al reposo de la inspiración.