El juramento del ronin

La osadía es el hogar del intrigado
y la cobardía un refugio mugriento.
Sobre mi espalda el vestigio de antepasados
como testimonio de un mito turbulento.

Bajo el árbol de los nueve ahorcados
mantuve la fe después del tormento,
andar por la vida con los ojos cerrados,
filtro a través del que digerir el momento.

Al romperse su sonrisa olvidé cuál era mi encargo,
querer complacer un deseo violento
no me da derecho a cometer actos amargos.

Obtendré la brújula que guiará mi aliento,
llenar la bolsa de acción y vaciarla de letargo,
soy el ronin que cumplirá su juramento.

El detractor conocido

Desde que nació le molestaba el cordón umbilical,
apreciaba el desapego del vínculo maternal.

Solo, en un infierno con su latifundio de huesos,
donde es costumbre abrazarse a los muertos.

Siempre se sintió inútil, como un león de papel
con la autoridad de una esclava de burdel.

Era guardián de sus propias profundidades,
custodio en un laberinto de polirrealidades. 

Y ahora que idolatra una diosa de fuego y hielo
no encuentra los males que habitaron su recuerdo.

Correspondencia bilateral

Ya no hay secretos que no sepamos.
Nuestra fórmula es querernos.
El vicio de poder vernos
sin pensar en errores pasados.

Aquello de lo que carezcamos
nos lo otorgaremos de modo tierno,
dejaremos una estela en el recuerdo
de alternas virtudes y pecados.

Noches furtivas de hallazgos profanos,
consecución genética de entes eternos,
indultos intensos en nuestros inviernos,
poemas surgidos de inicios sagrados.